LA CARA DE LA MUERTE
LA CARA DE LA MUERTE
Derechos de autor : Alex Moralex Gómez
Para muchos puede ser una locura, para mi es algo normal y lo vivo día a día, lo descubrí ya mayor o simplemente se manifestó en ese tiempo, les contaré las dos primeras veces que lo viví.
Eran las tres de la tarde en punto, lo sé, porque estaba esperando que me recogieran, el señor Germán vivía frente a mí casa, llevaba bastante tiempo enfermo, así que ya solo esperaban su muerte, yo lo conocía desde que era niño, el era muy amigo de nuestra familia, era muy querido entre nosotros, yo esperaba a un amigo que me recogería en su moto, para ir al centro de la ciudad, en un momento dado veo aparecer al señor Germán, salía de su casa caminando con otro hombre y digo salía por que los vi al lado de la puerta, no por que los haya visto salir de la casa, hablaban alegremente, eso se notaba, el hombre que lo acompañaba iba bien vestido, un traje azul oscuro, se veía que era a la medida y bastante costoso, pensé que tal vez el señor Germán no estaba tan delicado de salud y ya estaba bien, cruzaron la calle, cuando el señor Germán y yo, nos cruzamos las miradas, me saludó con la mano, algo extraño en el, en cualquier otro momento se hubiera acercado a saludarme, le respondí también levantando la mano, pero lo más extraño fue, cuando crucé la mirada con el hombre que acompañaba al señor Germán, era un hombre normal a todos, pero al mirarlo a los ojos, el me devolvió la mirada con una sonrisa, en ese momento sentí un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo y un miedo inexplicable, no un miedo en concreto, un miedo a todo, los vi alejarse y doblar en la esquina, los perdí de vista.
Llego mi amigo me recogió y fuimos al centro, regrese a eso de las siete de la noche, cuando me dan la noticia que el señor Germán había muerto a las tres de la tarde, no dije nada pero entendí que lo que había visto no era algo de este mundo y que el hombre que lo acompañaba era alguien siniestro, por eso sentí tanto miedo al verlo sonreír, por que su sonrisa no era de cordialidad, era como una sonrisa malvada, como si con ella me estuviera diciendo que yo sabía su secreto y era su cómplice.
No volví a ver aquel misterioso hombre, hasta unos dos años después, estaba en la calle, iba para mi casa, cuando veo a aquel hombre, en esta ocasión vestía todo de negro, iba igual de elegante, pero en negro, iba acompañado de un vecino nuestro, Francisco se llamaba, aunque sabía muy bien quién era, nunca había tratado con él, por que desde muy niño, mis padres me advirtieron que era un hombre malo, al parecer se movía en el bajo mundo y muchos en el barrio le temían, al pasar frente a mí, Francisco me miró con tristeza, con unos ojos de súplica que nunca antes le había visto en su mirada, todo lo contrario al señor Germán, cuando me cruce la mirada de aquel hombre volví a sentir en mismo miedo, ese desasosiego y desamparo al sentir que todo es malo que todo esta perdido, me volvió a sonreír, con esa sonrisa de complicidad que me hacía sufrir y hacerme sentir de lo peor, al igual que la vez anterior los vi alejarse, debo aclarar que en ambas ocasiones los hombres hablaban entre ellos, el señor Germán se le veía hablar cordialmente, pero a Francisco se le veía suplicante, el hombre a ambos les respondía sin perder la sonrisa de sus labios, una sonrisa fría y tenebrosa.
Mientras yo veía esto, la policía estaba dentro de la casa de Francisco haciendo una redada, tenían pruebas de su nexo con las drogas y varios asesinatos, pero Francisco se resistió y murió en el momento, a la misma hora que lo vi ir con el hombre de negro, después de su muerte, salieron a la luz pública, la infinidad de crímenes que había cometido, desde robo, asesinato y otros más macabros que no quiero contar aquí.
Estas fueron mis dos primeras experiencias, pero después de esto he vivido muchas, ya se que cuando veo a alguien que va con aquel hombre, es por que va a morir, la verdad es primer vez que cuento mi experiencia, es difícil contar algo así y que no te tachen de loco, no siempre viste igual, al parecer es según el elegido a morir, una vez lo vi ir con un niño de unos cuatro años, lo llevaba de la mano, el niño sonreía, el hombre vestía de azul, pero bastante claro, casi como color cielo, en esta ocasión ,cuando me miró no sonreía, por el contrario en sus ojos se veía tristeza, pero al cruzar las miradas, yo sentía igual el escalofrío y miedo, en ese preciso instante, un auto atropellaba a aquel niño que en un descuido de su madre, se había soltado de la mano y corrió a la calle.
Bueno, había dicho que dos, pero les narré tres, para que entiendan lo que vivo día a día, para muchos puede ser una locura, para mi es una realidad, de cuando en cuando le veo la cara a la muerte y no puedo hacer nada, solo ser un espectador pasivo.
MORALEX
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