“NUNCA OS CONOCÍ, APARTAOS DE MI GENTE SIN LEY” 

 “NUNCA OS CONOCÍ, APARTAOS DE MI GENTE SIN LEY” 



No todos los que profesan su nombre y llevan su insignia pertenecen a Cristo. Muchos de los que enseñaron en mi nombre, dijo Jesús, al fin serán hallados faltos. 


“Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad (anomia)”. Mateo 7:21-23


Anomía. La palabra “anomía” “ἀνομία” es muy usada en las Sagradas Escrituras, en algunas versiones al español es traducida comúnmente como “maldad, iniquidad o pecado”, sin embargo la traducción más fiel de esta palabra es: “no ley” o “violación, infracción de la Ley”. Es decir, esta palabra en la Biblia, hace referencia a un rechazo u oposición a la Ley de Dios o Torah en hebreo.


De nada vale profesar simplemente ser discípulo. La fe en Cristo que salva al alma no es lo que muchos enseñan. “Creed, creed—dicen—, y no tenéis necesidad de guardar la ley”. Pero una creencia que no lleva a la obediencia es presunción. 

Dice el apóstol Juan:


 “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él”. 1 Juan 2:4 


Nadie abrigue la idea de que las providencias especiales o las manifestaciones sobrenaturales han de probar la autenticidad de su obra ni de las ideas que proclama. Cuando los hombres dan poca importancia a la Palabra de Dios y ponen sus impresiones, sus sentimientos y sus prácticas por encima de la norma divina, podemos saber que no tienen la luz. DMJ 123.2


La obediencia es la prueba del discipulado. La observancia de los mandamientos es lo que prueba la sinceridad del amor que profesamos. Cuando la doctrina que aceptamos destruye el pecado en el corazón, limpia el alma de contaminación y produce frutos de santidad, entonces podemos saber que es la verdad de Dios. Cuando en nuestra vida se manifiesta benevolencia, bondad, ternura y simpatía; cuando el gozo de realizar el bien anida en nuestro corazón; cuando ensalzamos a Cristo, y no al yo, entonces podemos saber que nuestra fe es correcta. DMJ 123.3


 “Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos”. 1 Juan 2:3-5


Tristemente muchas iglesias cristianas predican, que los 10 mandamientos escritos por el dedo de YHVH, fueron abolidos, y que ya la ley no se debe seguir, basándose erróneamente en versículos sueltos, fuera de contexto... Muchos son los que buscan la entrada al reino afirmando ser los que hacen milagros en el nombre de Cristo. Pero Dios tristemente tendrá que decir: "Nunca os conocí, apartaos de mí" (Mateo 7:21-23). 


El conocer a Cristo es amarlo, y amarlo es obedecerlo. Si uno no está obedeciendo a Cristo, uno no ama a Cristo. Y si no ama al Maestro, entonces no le conoció. 


Juan nos aseguró: 


"Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17:3). 


El conocer, el amar y el obedecer están unidos estrechamente y son absolutamente inseparables en la vida del pueblo fiel de Dios. 


“Porque esto es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos" (1 Juan 5:3).

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